Carta de Arturo David Vásquez Urdiales a su hijo José Ignacio

Querido Pepe:
Te acuerdas querido Pepe del poema del Gran Walt Whitman, CARPE DIEM.
Whitman es sin duda un extraordinario analítico del contenido del alma humana, y, es inigualable. Pero ¿Que sería el CARPE DIEM HOY, en esta realidad surrealista y Kafktiana? En breves renglones, creo, el Carpe DIEM, deberá sonar más o menos así:
Sakura saku,
“los cerezos florecen»
Aprovecha el día, vive cada momento Convierte tus sueños en realidad La felicidad no es un destino, es un camino :
Y tú eres el creador de tu propio destino
No te dejes vencer por el miedo, Ni permitas que nadie te robe la alegría.
Tú tienes el poder de transformar tu realidad.
Aprende a confiar en ti mismo y en el universo.
La vida es un viaje lleno de altos y bajos Pero cada caída es una oportunidad para levantarte más fuerte.
Como dijo Norman Vincent Peale, «cree en ti mismo y todo lo que eres. Sabes que hay algo dentro de ti que es mayor que cualquier obstáculo .»
Ese algo es Dios
No te detengas ante el fracaso o el rechazo Sigue adelante, como una flor que sigue creciendo a pesar de la adversidad:
«Recuerda siempre que tu propia resolución de triunfar es más importante que cualquier otra cosa», dijo Vincent Peale
Abre tu corazón a la belleza del mundo. Aprende de la naturaleza y de los seres que te rodean. Como dice un proverbio tibetano: «El mayor tesoro es el corazón humano»
Y sobre todo, no te rindas ante la vida: Aprovecha cada instante para amar, para crear, para ser feliz «La vida es una aventura atrevida o no es nada», dijo Helen Keller.
Así que, vive plenamente, sin miedo ni mediocridades; Convierte cada día en una obra de arte, en una oportunidad para crecer y para amar.
Recuerda siempre estas palabras de Buda: «La mente es todo. Lo que piensas, lo serás.»
Vive, se feliz, ten fe.
El gran Dios creador del Universo no te abandona y, si algo no pasó, es porque «todo es justo y perfecto», y entonces pasó «lo que es justo y perfecto»
Existe algo curioso con la flor representativa del Japón, un pueblo guerrero.
La flor de cerezo o sakura representa la feminidad, la delicadeza, la primavera, la juventud, la fertilidad, el amor, la amistad y la trasitoriedad de la vida por lo que también es el símbolo de los samuráis.
«Sakura saku“, o sea, “los cerezos florecen»
Es venerada por el pueblo de Japón, no por pequeño y frágil, o por soberbio e inflado, sino por frágil y ligero, es el único árbol que florece en la feroz nieve, en los extremos más terribles del frio y la borrasca, y así ya de ser la frágil alma de la humanidad doliente:
Sakura saku:
“Los cerezos florecen”
Atentamente
Arturo David Vasquez Urdiales.
Para mi hijo José Ignacio.
