José Mendoza López: El Tigre de Oaxaca que contuvo al Tercer Reich Por Arturo Vásquez Urdiales

Apunte diario sobre Letras Hipnóticas

 

 

 

Héroe de Guerra de la Segunda Guerra Mundial

 

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I. Hypnos y el sueño de los héroes

En la mitología griega, Hypnos —el sueño— habitaba una cueva profunda donde ningún rayo de sol podía penetrar.

A la entrada crecían adormideras y hierbas somníferas, y del lecho del dios manaba el río Lete, el olvido.

Sus hijos, los oniroi, visitaban a los mortales para tejer visiones: Morfeo modelaba rostros humanos, Fobétor tomaba formas de bestias para infundir terror, y Fantaso se manifestaba como rocas, árboles o aguas .

De Fantaso esencialmente, Pero también de Morfeo, mi doliente hermano y del terrible Fobétor, se detiene una lucha eterna con las procelosas aguas del Rio Lete, el olvido, y de aquella metáfora tan indeleble como profunda nacen las Letras Hipnóticas.

Tratemos de no olvidar a Juan Mendoza López, indígena oaxaqueño, héroe de Guerra, y quién mató a 143 soldados alemanes, -el solo- en la batalla de las Ardenas, Bélgica.

El lenguaje hipnótico —las letras hipnóticas— participa de esa misma raíz onírica: busca desplazar el pensamiento lineal para acceder a lo que los psicólogos denominan búsqueda transderivacional, esa capacidad de encontrar nuevas soluciones, de dar sentido diverso a aquello que se manifiesta como conflicto insoluble .

Pero hay otra clase de trance: el que producen los actos de valor extremo, esos que parecen salidos de un sueño —o de una pesadilla— y que sin embargo ocurrieron en la vigilia más cruel de la historia. Hablo de hombres que, enfrentados a lo imposible, deciden no retroceder. Y entre ellos, uno cuya historia merece ser contada con la precisión del historiador y el asombro del niño que escucha una leyenda.

*Hablo de José Mendoza López*.

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*II. El niño de la Mixteca (1910-1927)*

*José Mendoza López* nació el 10 de julio de 1910 en Santiago Ihuitlán Plumas, Oaxaca, un pueblo pequeño y remoto de la región mixteca. Pero los habitantes de esa zona no son mixtecos: pertenecen al pueblo chocholteco (también llamado ngiwa), una de las etnias originarias menos conocidas de México, con lengua propia y una historia de resistencia silenciosa .

Su padre, Cayetano López, murió durante los años revolucionarios —probablemente ahogado, aunque el dato es incierto—. Su madre, Cándida López, se dedicaba a coser y vender ropa para sostener al niño. Cuando José tenía apenas ocho años, la tuberculosis se la llevó también. Huérfano en la infancia, sin escuela y sin redes, hizo lo que miles de mexicanos harían después: migró hacia el norte .

A los trece años cruzó a Texas y fue acogido por un tío en Brownsville, en el Valle del Río Grande. Trabajó en los campos de algodón. A veces no tenía suficiente para comer. Pero ya mostraba un rasgo que lo acompañaría siempre: la determinación .

III. Kid Mendoza: los puños como primer oficio (1927-1934)

La adolescencia de José fue nómada. Vagó por Estados Unidos en trenes de carga, durmiendo donde podía, trabajando en lo que encontraba. Hasta que una pelea callejera en Atlanta cambió su destino.

Enfrentó a un hombre más grande y corpulento. A pesar de medir apenas 1.65 metros y pesar unos 60 kilos, José lo derribó. Entre los espectadores había un promotor de boxeo, que vio en aquel muchacho fibroso y valiente al peso ligero que necesitaba .

Así nació «Kid Mendoza» . Entre 1927 y 1934, López sostuvo 55 combates profesionales —52 victorias, solo 3 derrotas—. Nunca fue noqueado. El momento cumbre de esa etapa, recordaría después, fue estrechar la mano de Babe Ruth antes de una pelea en Atlanta .

Pero el boxeo comenzó a cansarlo. Y en 1934, tras un combate en Melbourne, Australia, conoció a un grupo de marineros mercantes. La conversación, las copas, la promesa de ver mundo… José se enroló. Para ello necesitaba documentación estadounidense y falsificó un acta de nacimiento que lo hacía originario de Mission, Texas. Ese papel lo acompañaría por décadas .

IV. El marinero que casi es arrestado por «japonés» (1934-1942)

Durante los siguientes siete años, López navegó por todos los océanos. La marina mercante lo llevó dos veces alrededor del mundo. Y fue en alta mar, el 7 de diciembre de 1941, cuando la radio del barco transmitió la noticia: Japón había atacado Pearl Harbor .

Cuando el barco atracó en Los Ángeles, ocurrió un incidente revelador. Las autoridades, viendo su rostro, sus rasgos, su apellido, asumieron que era japonés. Fue arrestado y debió demostrar su origen mexicano para recuperar la libertad. No era la primera vez que su identidad se volvía un problema; no sería la última .

Regresó a Brownsville. Allí, en 1942, contrajo matrimonio con Emilia Herrera, su novia de años. Serían inseparables durante seis décadas. Y ese mismo año, con la guerra encendida, José recibió su orden de reclutamiento. Se presentó voluntario. Tenía 32 años .

V. Desembarco y sangre en Omaha (1944)

Tras el entrenamiento básico en Fort Sam Houston (Texas) y Camp Roberts (California), fue asignado a la Compañía K, 3er Batallón del 23º Regimiento de Infantería, 2ª División. Su especialidad: operar una ametralladora Browning M1919 calibre .30, un arma pesada que requería un equipo de varios hombres para transportarla y alimentarla .

Enviado a Irlanda del Norte, pasó meses preparándose para la invasión de Europa. El 6 de junio de 1944 fue el Día D, pero López desembarcó al día siguiente, el 7 de junio, en la playa de Omaha, la más sangrienta de todas. El fuego alemán era infernal. José resultó herido leve, pero rechazó la evacuación para no abandonar a sus compañeros. Una bala enemiga impactó su cartuchera sin penetrar; de milagro siguió combatiendo .

Participó en la batalla de Saint-Lô, en la toma de Brest y en sucesivos combates en Francia y Bélgica. Su comportamiento le valió el ascenso a sargento y dos condecoraciones: el Corazón Púrpura y la Estrella de Bronce .

Pero lo que estaba por venir superaría todo lo anterior.

VI. Krinkelt, 17 de diciembre de 1944: el día que un oaxaqueño detuvo a un ejército

Diciembre de 1944. Hitler lanza su última gran ofensiva en el oeste: la Batalla de las Ardenas. Los alemanes atraviesan los bosques de Bélgica con la esperanza de llegar a Amberes y partir en dos a los aliados. El 16 de diciembre, las líneas estadounidenses se tambalean .

La Compañía K se encuentra cerca del pueblo de Krinkelt, a unos 150 kilómetros al este de Bruselas. Han recibido la orden de resistir. José Mendoza López, con su ametralladora, cubre el flanco derecho. Pero el ataque alemán se desploma sobre el flanco izquierdo .

Lo que ocurre a continuación está documentado en la citación oficial de la Medalla de Honor, la máxima condecoración militar de Estados Unidos. Vale la pena leerla con detenimiento:

«Por iniciativa propia, transportó su ametralladora pesada desde el flanco derecho de la Compañía K hacia el izquierdo para proteger ese flanco, que corría peligro de ser arrollado por la infantería enemiga avanzando, apoyada por tanques. Ocupando un hoyo poco profundo que no ofrecía protección por encima de su cintura, abatió a un grupo de 10 alemanes. Ignorando el fuego enemigo de un tanque que avanzaba, mantuvo su posición y abatió a 25 soldados de infantería más que intentaban envolver su flanco. […] Aunque aturdido y sacudido por el fuego de artillería enemiga que había impactado a solo unos metros, se dio cuenta de que su posición pronto sería flanqueada. De nuevo, solo, llevó su ametrulladora a una posición en el flanco derecho trasero del sector. Derribado hacia atrás por la concusión del fuego enemigo, inmediatamente reinstaló su arma y continuó disparando. En solitario, contuvo a la horda alemana hasta que se aseguró de que su compañía había efectuado su retirada. […] La gallardía y la intrepidez del Sargento López, en misiones aparentemente suicidas en las que mató al menos a 100 enemigos, fueron casi las únicas responsables de permitir que la Compañía K evitara ser rodeada, se retirara con éxito y diera tiempo a otras fuerzas para construir una línea que repelió el ataque enemigo» .

Los detalles adicionales, recogidos por historiadores y por el propio López en entrevistas, completan el cuadro:

· Enfrentó no solo infantería, sino un tanque Panzer VI Tiger. Sin armas anticarro, concentró su fuego en la infantería que lo seguía, sabiendo que el blindado no podía estar en todas partes .
· Fue alcanzado por la concusión de dos cañonazos que lo derribaron. Ambas veces se levantó, cambió de posición y siguió disparando .
· Combatió desde las 11:30 hasta las 18:30 horas —siete horas ininterrumpidas— moviéndose solo por el bosque, recargando, apuntando, matando .
· Las estimaciones de bajas alemanas oscilan entre 100 y 143 soldados abatidos. Es la mayor cantidad de enemigos eliminados por un solo soldado estadounidense en toda la Segunda Guerra Mundial .
· Solo cuando se quedó sin munición se replegó hacia el pueblo. Los alemanes, desgastados o con prisa, pasaron de largo por Krinkelt sin tomarlo .

VII. El héroe y sus dos patrias (1945-2005)

El 18 de junio de 1945, en una ceremonia en Núremberg, Alemania, el general James A. Van Fleet impuso a José Mendoza López la Medalla de Honor del Congreso de los Estados Unidos .

Pero el reconocimiento no terminó ahí.

De regreso en México, el presidente Manuel Ávila Camacho le otorgó la Condecoración del Mérito Militar, la más alta distinción castrense mexicana. En 1948, el presidente Miguel Alemán Valdés le concedió la Orden Mexicana del Águila Azteca, reservada para extranjeros con servicios destacados a México —una paradoja, porque José era mexicano, aunque hubiera combatido con el ejército estadounidense .

José, profundamente católico, atribuyó siempre su supervivencia a la Virgen de Guadalupe. En peregrinación a la Basílica de Ciudad de México, agradeció públicamente el milagro de haber vuelto con vida .

Se estableció con su familia en San Antonio, Texas, y trabajó en el Departamento de Asuntos de los Veteranos. Pero cuando estalló la Guerra de Corea en 1950, se reenlistó voluntariamente. Sirvió en combate hasta que un superior descubrió su identidad y lo reasignó a tareas de identificación de caídos en la retaguardia. Luego fue trasladado a Japón, donde trabajó como reclutador y encargado de mantenimiento .

Se retiró en 1973 con el grado de Sargento Mayor, después de más de treinta años de servicio .

El 16 de mayo de 2005, a los 94 años, falleció en San Antonio víctima de cáncer. Un año antes había muerto Emilia, su esposa durante 62 años. Tuvieron cuatro hijas y un hijo adoptivo. Fue enterrado con honores en el Cementerio Nacional de Fort Sam Houston .

VIII. La memoria de un tigre

Hoy, su nombre está grabado en:

· Una calle y un parque en Mission, Texas .
· Una escuela secundaria en San Antonio .
· Una estatua en el Veterans Park de Brownsville .
· Un tramo de la Interestatal 10 en San Antonio .
· Los anales de la historia militar como el soldado que más enemigos abatió en solitario durante la Segunda Guerra Mundial .

Pero quizá el homenaje más conmovedor sea el que no figura en placas: el que le rinden quienes compartieron testimonios familiares. Un comentario en un blog, escrito por alguien que lo conoció, dice:

«Mi papá era presidente del poblado de Tamazulapan, Oaxaca, donde el sargento López, a su visita, le platicó lo que había vivido en la guerra. Mi papá lo llevó de Tamazulapan a Ihuitlán Plumas a caballo. Donde el sargento perdió momentáneamente sus condecoraciones que portaba en el pecho. Una historia increíble» .

Otro testimonio, de un familiar: «Este señor fue primo hermano de mi señora madre, oriunda del mismo pueblo que él. Mi madre nos contaba esto, lo cual narró él a la familia en su visita a México» .

El niño huérfano de la Mixteca, el boxeador vagabundo, el marinero que falsificó papeles, el soldado que desafió a un tanque con una ametralladora, el hombre que agradecía a la Virgen —ese hombre— regresó a su pueblo a caballo, con medallas en el pecho, para contar su historia a los suyos.

IX. Hipnóticas reflexiones

Las letras hipnóticas, decíamos al principio, participan del sueño. Pero hay gestas que superan cualquier ficción. La de José Mendoza López tiene todos los elementos de una epopeya clásica: el origen humilde, la migración, el ascenso, la prueba de fuego, el regreso del héroe.

Pero también contiene preguntas incómodas para nuestro presente.

Porque José Mendoza López fue, ante todo, un migrante. Cruzó la frontera niño, huérfano, sin papeles. Trabajó en el campo. Se hizo boxeador para sobrevivir. Se enroló en la marina con documentos falsos. Fue arrestado por su aspecto. Y sin embargo, cuando su país de adopción —Estados Unidos— lo necesitó, no dudó. Dio todo. Mató a cien enemigos. Salvó a su compañía. Regresó a casa y siguió sirviendo.

Hoy, en el mismo país que lo condecoró, los migrantes mexicanos son sistemáticamente criminalizados, perseguidos, expulsados. Se les acusa de traer violencia, de robar empleos, de ser una carga. Se olvida —o se ignora— que hombres como José Mendoza López construyeron con su sangre el derecho a llamarse estadounidenses. Que en las playas de Normandía, en los bosques de las Ardenas, en las colinas de Corea, había miles de apellidos como el suyo: González, Ramírez, Fernández, López. Mexicanos. Migrantes. Héroes.

El historiador Manuel F. Medrano, que lo entrevistó y escribió su biografía, lo definió así:

«Pepe cumplía fácilmente con los criterios de héroe para su familia, su comunidad y su país. José no solo fue miembro de la Generación Más Grande; fue uno de sus mejores ejemplos. Quienes tuvieron el privilegio de conocerlo lo entienden. Su presencia era inolvidable, su carácter inspirador. Conocerlo era como encontrarse con un caballero andante de la época medieval: modesto, intrépido, noble y listo para luchar por su rey y su país. Hasta el final, José siguió siendo quien siempre había sido: un hombre virtuoso, un hombre honorable, un hombre valiente —un hombre valiente» .

X. Epílogo en la cueva de Hypnos

La cueva de Hypnos, la del dios del sueño, tenía una entrada cubierta de adormideras. Quienes entraban, olvidaban. Quienes salían, recordaban apenas sombras.

Pero hay hombres que no necesitan entrar en ninguna cueva para ser inolvidables. José Mendoza López, el Tigre de Oaxaca, el soldado de Krinkelt, el niño huérfano que llegó a Texas sin nada y se convirtió en leyenda, sigue vivo mientras su historia se cuente.

Y nosotros, desde esta columna, la contamos.

Con afecto y admiración perpetua,

Arturo Vásquez Urdiales

Fuentes: Wikipedia ; National WWII Museum ; Humanities Texas / Manuel F. Medrano ; Handbook of Texas Online (TSHA) ; NSS Oaxaca / Arturo Vásquez Urdiales ; testimonios familiares y publicaciones conmemorativas .

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